Nadia Sheikh y Tiger and Milk impregnaron de optimismo la Sala Costello

El pasado 21 de noviembre estuvimos en otro de esos conciertos que tanto nos gustan, en una sala pequeña (la emblemática Sala Costello de Madrid) conociendo de primera mano a dos artistas emergentes muy distintos, pero cuya combinación resultó en una velada perfectamente complementada y musicalmente enriquecida. Además, tuvimos la suerte de contar esta vez entre ellos una artista internacional, Nadia Sheikh, quien dio paso a los madrileños Tiger and Milk.

En primer lugar nos demostró su estilo Nadia Sheikh, combinación equilibrada entre la energía y garra de las canciones más rockeras con el timbre dulce de su voz. Recién llegada desde Londres, donde reside esta artista, comenzó el concierto con “It Don’t Get Better“, “Are You On” y ” The Shadows“, tres canciones inéditas con un corte de rock clásico.

Aunque todo el grupo transmitía una energía y un ritmo de esos que te hacen sentirte culpable si te quedas quieto, era inevitable apartar el foco de atención de Nadia que pese a tener unos ojos hipnotizantes, con lo que realmente te hechizaba era con su voz. Tras “Toxic“, una de las canciones que tiene publicada hasta el momento, marchó la banda para dejarla sola en escena y cantar “The Wire” a piano.

Aprovechó, mientras presentaba dicho tema, para contar, con una dulzura que contrastaba con la vena rockera de unos segundos antes, el origen o inspiración del mismo. Según comentaba, el tema lo grabó de manera un poco improvisada cuando en el estudio de grabación, se sentó al piano y un amigo decidió grabar la canción en vídeo en una toma, que subirían posteriormente a YouTube. El éxito de dicho vídeo les llevó a colgar esta versión acústica en Spotify y a interpretárnosla esa noche con su misma esencia.

Además explicó la temática de la canción, basada en esa sensación de lucha constante en el mundo de la música, donde pese a sus dificultades y los fracasos, la música tiene algo que te mantiene vivo, como si fuese un cable que te transmite toda esa corriente para seguir funcionando.

A continuación llegaría “Imaginar“, única canción en castellano del setlist y siendo además la primera vez que era cantada en directo, demostrando que se desenvuelve con igual soltura en ambos idiomas, y no solo a nivel de interpretación, sino desde la propia composición de los temas. En nuestra humilde opinión y posición, la animamos a que publique algún tema en este idioma, que al menos en acústico ha demostrado que le funciona muy bien.

Siguiendo en acústico, pero cambiando piano por guitarra, interpretó “Broken Bridges“, volviendo a continuación la banda para traer “Break Free“, último single publicado, que presenta una línea de bajo de esas que entusiasman a un servidor y que parece que dialoga con los acordes de la guitarra, estallando en un clímax final en la canción.

Encarando la recta final del concierto, nos brindaron “Fireaway“, tema con un toque optimista, y “Out of Time” con una melodía más pegadiza. Tal vez otro de sus secretos sea la conexión que crea con los asistentes, no solo a nivel emocional o musical, sino además visual, tratándose de una artista a que le gusta buscar con la mirada a la de su público.

Como observación personal, me gustaría decir que tengo la oportunidad de asistir más conciertos de los que hace prácticamente un año se me hubiese pasado por la cabeza, y me encanta descubrir grupos y artistas nuevos, y de diferentes estilos, cuanto más variados mejor. No obstante, como reflexión planteo, que aunque puede que yo también tenga parte de responsabilidad por no buscarlo, el porcentaje de estos grupos que tienen voces femeninas es bastante (pero bastante) reducido, y visto lo visto, por falta de calidad no se trata (fin de la reflexión).

Tras “Undone“, con un comienzo algo oscuro, llegaronn los correspondientes agradecimientos al público de Madrid, a su padre allí presente (que, como anécdota que no debe pasar inadvertida, el hombre se hizo más kilómetros que el baúl de la Piqué: Castellón-Madrid para volver a hacer Madrid-Castellón en cuanto acabase el concierto. Olé), también a la sala, la organización (un saludo a Jero) y a Tiger and Milk.

Se despidió con “Get Away” animando al público a corear algunos versos, demostrando que no se nos resisten los estribillos, ni aunque sean en inglés.

Llegó el turno de Tiger and milk, y sus seis integrantes tomaron posesión del escenario para ofrecer un recital de rock desenfadado y cargado de buen rollo, que arrancó con “La Granja de Tiza“, de su álbum Pequeños Fracasos y “Animal“, de su último trabajo Popular, publicado este 2019.

Presentaron entonces a Álvaro, última incorporación al grupo a cargo de los violines, y tras el guiño a HBO por la canción que vendría a continuación, interpretaron precisamente “Canción para Rick“, con una gran parte instrumental final en la que precisamente el violín tuvo el protagonismo como hilo conductor.

Pasaron a una de las clásicas, “El Aceite“, bajando un poco el ritmo en esta canción de corte romántico, que plantea una metáfora sobre los polos opuestos que terminan por encontrarse (como el queso de cabra y la cebolla caramelizada).

Si hemos comenzado en inglés con Nadie, y hemos pasado al castellano, ¿Por qué no meter alguna en asturiano y seguir favoreciendo la riqueza lingüística? Como es una idea estupenda, rescataron “Diablu y Abogau” de su primer álbum La Cara Norte, publicado allá por 2013.

Hablamos entonces de rencor en “Pumarín” sentenciando el “quiero que seas feliz aunque no lo merezcas“. Pese a tratarse de una de las del último disco, el público se arrancó en el último estribillo como si la conociesen de toda la vida, en la que los violines volvieron a tener la última palabra en su tramo final (Lo que aprovecharon ellos mismos para bromear que “por fin un músico del grupo que sabe tocar“).

Nos volvimos más románticos con la balada “Por Ti“, y los más fieles a la banda se vinieron arriba con los primeros acordes de “Verbena 2000” (Una pena que el día siguiente fuese viernes, porque ciertamente de daban ganas de darlo todo esa noche), una canción bastante equilibrada, en la que todos y cada uno de los instrumentos (guitarras, bajo batería y teclado) y voz conviven en un equilibrio bastante conseguido, y que alegaba por el optimismo.

Un elemento significativo que me parece interesante remarcar de la velada es que casi todos los miembros mantuvieron la sonrisa durante todos los temas del concierto. No era una noche para estar intensos sino para pasarlo bien, hecho que sus seis integrantes se esforzaron por conseguir.

La guinda de la noche fue “Camisas Para el Sonorama” (aunque yo soy más de camisetas para los festivales, pero sobre moda y música cada uno es libre), definitivamente la más ovacionada por los asistentes al concierto. Todo un acierto acabar con un tema que te deje una sonrisa en la cara y esa sensación de satisfacción en el cuerpo.

Con todo esto, esperamos volver a cruzarnos con Nadia en algún escenario, porque seguro que a Tiger and Milk nos los encontraremos más de una vez.

Nos vemos en las salas,

Fran Salamanca

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