Recordamos el espectacular cierre de la gira Antártida de Desakato

Hace algo más de un mes que la banda asturiana de punk rock cerrase su gira en un doble concierto los días 21 y 22 de noviembre en La Riviera, en Madrid. Pusieron fin de esta forma a estos meses en los que se encontraron presentando Antártida, su último EP publicado en marzo de 2019.

Meses antes del evento la expectación era considerable, puesto que la fecha inicialmente anunciada (el viernes 22) agotó sus entradas al poco tiempo de ser puestas a la venta, hecho que obligó a la banda a ofrecer una segunda fecha para no dejar fuera a nadie que quisiera compartir con ellos esa cita tan señalada.

Acudimos el segundo de ambos días a dejarnos llevar por las vibraciones del rock, encontrándonos abriendo el concierto con la banda asturiana (así todo queda en casa) Green Desert Water. Este grupo nos presentó su ritmo de corte más cercano al rock clásico, recordándonos a las grandes bandas de los años 70 y 80 en la lengua de Shakespeare. Kike, quien llevaba la voz cantante (nunca mejor dicho) fue capaz de manejar a un público que, no nos engañemos, estaba deseando saltar con Desakato.

Su carisma y buen humor fueron en gran parte los responsables de que la algo menos de una hora que estuvieron en escena, no fuesen de espera, ni siquiera con la mentalidad de teloneros, sino de concierto con todas sus palabras. Sus tan solo tres componentes (batería, bajo y guitarra, al más puro estilo de los recientemente disueltos Berri Txarrak) fueron capaces de llenar el escenario por sí solos, dejando de esta forma mayor protagonismo al bajo, muchas veces relegado a una posición rítmica o de acompañamiento (he aquí una opinión personal. Para gustos los colores, y para colores la música). Realmente fue una oportunidad de presentación inmejorable que hizo que muchos nos interesásemos posteriormente en informarnos sobre su trabajo.

Mientras de fondo una ventisca daba paso a los acordes de “Estepa“, los miembros de Desakato tomaron posiciones para desfogar toda su energía, que apenas pararía en todo el concierto, comenzando con “Humo Negro“, el primer corte del anteriormente mencionado EP, y repasando grandes temas de su carrera con “Octubre Rotos” (Con el Viento de Cara, 2008), “Trompetes de Xericó” (Buen Viaje, 2014) o “Animales Hambrientos” (La Teoría del Fuego, 2016).

En esa noche tan especial, notablemente visible para sus componentes (especialmente para Pablo, quien a veces no podía disimularlo en su voz), la emoción fue fluyendo desde sus diferentes facetas. La alegría y la celebración era quizás las más evidente (primera vez que llenaban una sala con tanto aforo en Madrid, nada más y nada menos que en La Riviera, donde, como ya hemos indicado al comienzo, doblaron fecha), pero hubo tiempo para la rabia, la reivindicación y el profundo cariño que profesan por su tierra, más concretamente por su gente.

Resulta paradójico por ejemplo que en “Tiempo de Cobardes” recen que “todos los héroes están muertos” cuando ellos mismos son inspiración para muchos jóvenes, reflejando por ejemplo ese profundo respeto y homenaje a su familia, y especialmente a su padre, un luchador según palabras del propio Pablo, a quien estuvo dedicada la emotiva versión acústica de “Fríu de Xineru“.

Salvo ese instante, pocos más hubo de descanso para las casi 2000 personas que abarrotaron La Riviera, que en un pogo constante al ritmo frenético de la batería se vaciaron en esa cita de despedida de la gira Antártida. Otro de los momentos más destacables del concierto fue, en un claro alarde de compañerismo y anarquía casi a partes iguales, la interpretación de “Barcos en LLamas” que no fue realizada por los miembros regulares del grupo sino que cambiaron los papeles con el Equipu. Backliners y demás técnicos intercambiaron roles con Pepo, Pablo y compañía demostrando que éstos pueden ponerse enfermos sin remordimientos, que tienen las espaldas bien cubiertas (y minutos que disfrutaron como críos).

No faltaron los recurrentes llamamientos para reivindicar el asturiano como lengua oficial (“Por la defensa de la cultura de los pueblos“), como comentaron al presentar “Fueu y solombres“, al igual que remarcaron su profundo agradecimiento a su público por seguirles y apoyarles durante tantos años.

Encarando la recta final del concierto, otro de los momentos más emotivos llegaría con “Cada Vez“, no porque tuviese ninguna dedicatoria especial, sino porque Pablo, que comenzó solo en el escenario, se vio totalmente eclipsado a nivel vocal por un público que entonaba sus versos como si le fuese la vida en ello. Tras navegar Pepo en un flamenco hinchable entre el público, presentarían “Cuando Salga el Sol” anunciando el fin del concierto, que llegaría justamente con “Heridas abiertas“.

Dejando a un público en verdadero éxtasis, guiado por un ritmo de batería de locura y unos solos de guitarras para dejarse los nudillos, que no podía hacer otra cosa más que saltar hasta que se te subiesen los gemelos, y pogos, muchos pogos, entre los que tampoco faltó el death wall (o muro de la muerte para los erasmus). Probablemente uno de los secretos que han hecho que esta banda referente del rock nacional haya presentado tal ascensión, sea la compaginación entre Pepo y Pablo, siendo el primero quien saca la parte desenfrenada del público mientras que el segundo ofrece un planteamiento que requiere más atención e hipntotismo.

Tras casi dos horas de duración, salimos de uno de los mejores conciertos de la banda, tal vez no desde el punto del sonido, pero indudablemente, en lo que todos coincidían al salir, es que sí que lo fue desde la emoción. Larga vida a Desakato, y larga vida al rock.

Nos vemos en las salas,

Fran Salamanca

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