Shinova encienden el faro sobre el Río Segura en su primer Live the Roof

Este 2019, Shinova se ha unido a Live the Roof, ciclo de conciertos  exclusivos e íntimos en formatos inéditos  situados en azoteas privilegiadas organizado por The Music Republic (Granada Sound, Festival Les Arts, Arenal Sound, Interestelar Sevilla, etc).

Cabe destacar que las primeras entradas agotadas para esta temporada de Live The Roof fueron las de Shinova en Alicante, a las que seguirían muy de cerca las de Murcia, primera parada de los vizcaínos.

Llegadas las 21h del diez de julio el Espacio los Molinos del Río abría sus puertas a los cien privilegiados que habíamos conseguido entrada para el primer Live The Roof de Shinova. Coca-Cola, principal patrocinador de estos eventos nos ofrecía un cocktail mientras esperábamos a la hora del show al ritmo del disco “Demasié” de Varry Brava (EL DISCO de Varry Brava) observando como el sol se ponía sobre el Río Segura.

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A las 22h, tras una hora de amenizada, salían puntualmente los de Berriz. Ya nos avisaban que prepararían un repertorio específico para esta gira, y es que, son varias las canciones que han necesitado una vuelta para volverse acústicas. Lo primero que observábamos, y que denotaba su verdadera intención de hacer las canciones 100% acústicas, es que habían decidido dejar al batería y al bajista en casa (si hay bajo no 100% acústico), pasando de ser un quinteto a un trío de voz, guitarra/teclado y guitarra/coros. O al menos eso creíamos hasta que vimos que Erlantz (guitarra y coros hasta ahora) desempeñaba el rol de “hombre orquesta”,llevando también un pedal stombox y una pandereta en los pies.

“Buenas noches, nosotros somos Shinova” decía por el micro Gabriel de la Rosa (frontman de la banda), a lo que respondían unos senderistas desde el otro lado del río: : ¡Grandes Shinova! El show comenzaba con “La buhardilla de La Musa”, una de las joyas de su último disco, “Cartas de Navegación” a la que seguiría el tema que da título al disco. La tercera canción no sería otra que uno de los himnos de la banda “Niña Kamikaze”, que llevada al formato acústico alcanzaba rozaba el intimismo.

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Adivinábamos el siguiente tema cuando nos adelantaban que hace poco habían hecho una versión nueva con otro artistas. Se referían a“En el otro extremo”, tema para el que han contado con la colaboración de Marc de Dorian. Por supuesto, un divertido Gabriel no dudaba en bromear pidiendo a Marc que saliera (no colaba, no).  Así, entre tonos morados daban paso al tema más electrónico de su carrera llevado a un terreno acústico en el que la voz encargada de los coros relucía como nunca.

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Bajo una luz azulada daban paso a otra de las favoritas del disco, de esas canciones que destacan por su belleza pero que, del mismo modo que “La buhardilla de la musa”, suele quedar fuera de los festivales; “Guerra y Paz”.

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Era el momento entonces de una de las canciones más importantes de su trayectoria, aquella que nos recuerda que “si vimos sombras es que siempre hubo luz”;“Qué casualidad”. Para continuar, dos de las nuevas en las que también notamos un trabajo increíble para haberlas podido transportar a esa dimensión acústica: “Mirlo Blanco” y “El álbum”.

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Por supuesto, no podía faltar la mítica “Volver”, tema que da nombre al disco que les hizo dar el salto, en la que el público, iluminado por focos verdes, se encargó de hacer unos coros “más o menos afinados”. Así, manteniendo el lirismo y la atmósfera conseguida, rescataban bajo una luz rosada entonces uno de los temas más lentos y bellos de su carrera; “La ciudad dormida”.La imagen puede contener: 1 persona, en el escenario y noche

Para el final, como es tradición, dejaron la trilogía de oro; “Doce meses”(nuestra favorita), “Para cambiar el mundo“( en la que, como es habitual, alguien saltó a preguntar ¿para qué? quitándole el puesto del vocalista) y “A treinta metros”(donde Gabriel casi deja atrás el formato acústico y salta al público dejándose llevar por la energía recibida).

Entre aplausos y reverencias, otro artista subía al escenario para mostrar el cuadro pintado durante el concierto, donde además de verse a la banda se distinguía a cada persona del público (otra razón por la que nos encanta este ciclo es por dar mezclar música y pintura).

PERO, no tan rápido, bajo los gritos de “otra, otra, otra”, los murcianos consiguieron que el trío volviese al escenario. Confesaba entonces Erlantz  que no tenían ninguna más preparada, por lo que pidiésemos. Nombres de canciones de toda su trayectoria sonaban en toda la azotea (“Viajero”, “Ana”, “Gravedad cero”,…) . “El que más grite”, exclamaba el vocalista. Finalmente ganó otra de las líricas del último disco: “Expectativas y espejismos”, donde la belleza de los coros volvió a destacar como no lo hace en el disco.

Ahora sí, tocaba despedirse sintiendo la casualidad de haber estado en la primera fecha de esta gira tan especial en un formato tan íntimo (a la que os recomendamos ir encarecidamente).

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Helga Melgarejo de Ibarra

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