Siloé: Energía, música y alma.

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Hace ya unos días que asistimos al concierto de fin de gira en salas del segundo trabajo de Siloé en Madrid, y aún se me ponen los pelos de punta al recordarlo para escribir esta crónica. En 2016 pudimos comprobar el trabajo que Fito Robles presentó bajo el seudónimo de Siloé con el álbum La Verdad, plagado de canciones intimistas e intensas con facilidad para llegar a lo más profundo uno. No obstante, cuando Xavi Road se incorporó como contraparte fija de Fito, consiguieron, sin perder lo anterior, un punto de energía que les convierte en uno de los imprescindibles del panorama musical actual.

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En una sala tan emblemática como la madrileña Galileo Galilei (sobre todo para el sector del cantautor), el jueves 27 de junio pudimos comprobar de primera mano lo que el dúo anteriormente nombrado nos hizo sentir (porque en ese concierto no escuchamos música, la sentimos), precedida por la también sensible actuación de Astro Fonda.

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Como comentaron posteriormente los miembros de Siloé, no les consideran teloneros sino amigos que abren sus conciertos, al igual que ellos siguen abriendo conciertos de otros amigos. Y con esa atmósfera de complicidad, Antonio (nombre que se esconde tras el seudónimo de Astro Fonda) nos mostró varios temas propios como “Libélula” (canción con la que abrió su interpretación) y “Constelations and ilusions”.

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Mostrando su agradecimiento en todo momento a Xavi, Fito y su productor Óscar Herrador por darles la oportunidad de tocar en la sala Galileo (y demostrando que afinar la guitarra mientras nos introducía su trabajo no es tarea sencilla), nos invitó a compartir “Mi guarida intemporal” canción más antigua del disco que tiene publicado hasta el momento y dedicada especialmente a su hermana allí presente.

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Finalizó con “If I Was a Bird” canción nueva que publicaría esa medianoche en plataformas digitales y con la que agradeció su asistencia a todos los presentes por compartir esos momentos.

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Sin demora tomó el escenario Siloé con una intro musical totalmente épica, y con una energía incombustible y un ritmo que contagiaba al público, comenzaron a interpretar “Cerezos”, canción que abre el LP que se encuentran despidiendo (y una de mis favoritas del grupo). Como si de una premonición se tratase, cantaba Fito aquello de “Hoy no tengo nada que no puedas tararear“, y con todo el público sintiendo la canción y cantándola a pleno pulmón, sabíamos que aquella iba a ser una gran velada.

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En boca de Fito, esas dos luciérnagas prosiguieron contándonos y cantándonos “las mejores canciones que pudiéramos escuchar”, y razón no les faltaba. Con “Invasor” y “Daños trágicos”, temas se su anterior trabajo, nos demostraron que las canciones evolucionan, y el efecto que ha generado Xavi en su incorporación a la formación (marcando en el directo la base rítmica con esos aires electrónicos que generan el que, si ya sus canciones llegaban al alma, ahora también lleguen a las articulaciones) ha hecho que, si antes me gustaba Siloé, ahora sea un firme seguidor.

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Era imposible no impregnarse con la energía que los vallisoletanos irradiaban, y del ritmo que Fito contagiaba bailando con su guitarra y llenando esas dos personas todo el escenario. Y cuando con solo tres canciones ya tenían a todo el público vibrando, nos sorprendieron enlazando los últimos acordes de la anterior canción con el estribillo de “Toro”, el himno de El Columpio Asesino, en acústico, y como nos gusta más un cover que la etiqueta de No requiere plancha, estuvimos un punto más cerca de alcanzar el éxtasis (musicalmente hablando).

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Con “El Poder”, el público demostró que su energía y pasión estaban a la altura, pudiendo Fito dejarle solo en varias ocasiones para cantar esos maravillosos versos. Sin apenas introducción entre los temas, reprodujeron el audio de “Sería Más Fácil” (reinterpretación de “La Verdad” incluida en La Verdad al Desnudo) mientras bajaban del escenario para ocupar el centro de la sala y pasar a interpretar “La Verdad” con el apoyo de una harmónica.

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Debido a problemas con interferencias, decidieron desconectar la guitarra acústica y la microfonía y nos deleitaron con una delicia de canción, un tema aún sin grabar y dedicado especialmente a su hija pequeña, titulada “Dónde estás corazón”, que toda la sala Galileo en el más estricto silencio, sonde podíamos sentir nuestras respiraciones, interpretaron de manera maravillosa.

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Cuando no esperábamos más sorpresas ni sobresaltos invitaron a Astro Fonda a compartir la canción “Atlas” generando uno de los momentos más mágicos, no solo de la noche sino de los que todos recuerde últimamente en una sala de conciertos. Si ya de por sí la canción tiene sensibilidad, y cualquier persona que no sea un trozo de granito siente cosquillas por dentro, sentirla entonces por esos dos vozarrones jugando con armonías y segundas voces en una sala completamente en silencio escuchándolos llenar toda la sala, es realmente indescriptible (Sólo se me ocurren los calificativos sublime, magnífico, exquisito, pero están aún lejos de lo que sentimos). Tuve la oportunidad de comentarlo personalmente con Antonio de Astro Fonda más tarde, pero si Fito y Xavi también llegan a leer estas palabras, solo puedo darles las gracias a todos por ese momento, sinceramente.

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Con las emociones a flor de piel, pasaron a “Tal como sucedió” y “Contemos aullidos” demostrando que en la escena musical hay hueco de sobra para el folk y, por qué no, para la jota. Si Rosalía ha fusionado el flamenco con la música urbana, Siloé ha hecho lo propio con la canción popular castellana, ritmos que se perciben especialmente en “Guerra y Caridad”, canción con la que decidieron cerrar el bloque acústico entre el público e interpretada entre el más estricto silencio de los asistentes y sin microfonía, con guitarra y un pandero cuadrado castellano. Nuevamente otra joya musical que nos regalaron a los afortunados allí presentes.

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Con una base musical electrónica ocuparon de nuevo el escenario para cambiar radicalmente de tercio y hacernos saltar con “La Calma” e invitar seguidamente al escenario a Juan Zelada para interpretar “La Luz”, tema que da nombre al disco Un dúo interpretado de manera brillante, como no podía ser de otra forma, y potenciando más la energía de la canción dada la complicidad de los intérpretes.

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Encarando la recta final del concierto, nos presentaron otro tema inédito para el cual estuvieron encerrados en el estudio hasta el día anterior, indicando además, como dice la canción, que todos somos únicos y únicas. Una canción optimista con un potente mensaje de autoaceptación, que presenta una base más electrónica y ritmos más pop, y que lleva por título precisamente “Única”, con el objetivo de hacer bailar a todo el mundo y demostrando que se pueden cruzar todos los géneros musicales necesarios siempre que el mensaje siempre salga desde la verdad.

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Para realizar la tercera y última colaboración, llamaron al joven Pablo Moreno, y tras dedicarle la canción al periodista musical Santiago Alcanda, a quien mostraron gran gratitud, interpretaron de manera emotiva y pasional “Minas de sal” para pasar a improvisar unos versos con la guitarra (en los que hizo mención al calor, tema recurrente en Madrid esos días) que enlazó seguidamente con “Jamás”.

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Oliendo el final de la velada llegó el turno de “Para mis hermanos”, canción con la que aprovecharon para agradecer especialmente su entrega al productor Óscar Herrador, y mostrando una vez más su agradecimiento a toda la gente que había llenado la emblemática sala madrileña.

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Para poner el broche final, comenzaron interpretando “La Niebla” en acústico, pasando al eléctrico con toda la caña posible consiguiendo la mezcla perfecta entre pasión y energía. Qué más le puedo pedir a un concierto que empieza y acaba con mis dos canciones favoritas

Por último, me gustaría remarcar que he disfrutado redactando esta crónica como un niño pequeño con un caramelo, recordando cada una de las canciones y momentos de esa mágica velada. Gracias.

Nos vemos en las salas,

Fran Salamanca

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