Os contamos como fue la divertida fiesta del VII Aniversario de Entrebotones, cargada de versiones y colaboraciones

El pasado 10 de enero acudimos a la sala Siroco en Madrid para disfrutar del evento que los amigos de Entrebotones habían organizado por su VII aniversario.

Por si a alguien le pilla fuera de contexto, Entrebotones es una “agencia de talentos, representación artística, sello discográfico, producción audiovisual y mucho más“, según definen en su página, y el evento que hoy recordamos se engloba en ese último “mucho más”. Pese a que el planteamiento inicial nos parecía arriesgado (coordinar a más de 10 bandas en unas dos horas de concierto, con los cambios técnicos que eso conlleva, sin perder agilidad en dichos interludios y garantizando buenas condiciones de sonido), y el movimiento de tantos grupos yendo y viniendo, pasando del escenario al público y viceversa nos dio una primera impresión de caos y anarquía, nos dimos cuenta al poco de empezar que dicha sensación no podía estar más lejos de la realidad.

Los grupos se fueron sucediendo con ritmo, enlazando los temas propios con las versiones con naturalidad y creando todo un colorido musical diferente, divertido y sorprendente. Como hemos insinuado, la idea del evento fue que cada grupo preparase dos versiones, una propia y una versión de otro de los grupos allí presentes, la cual les fue asignada por sorteo. De esta forma se crearon unos contrastes bastante interesantes y algunas versiones que destacaremos más adelante, de ahí el título del evento: “Shake The Roster”.

Inés Collado, quien nos introdujo dicho espectáculo en nombre de Entrebotones, abrió con elogios a los grupos por confiar en ellos, con mención especial a sus familias por hacer posible esa conciliación con el mundo de la música tan impredecible, a los promotores y a las salas (es difícil fuera de Madrid llenar salas, por lo que agradeció a todos aquellos que siguen apostando por la música, y más aún por la emergente), a Damián y a Edu (piezas clave en la agencia) y al público por seguir apoyándoles.

Los encargados de romper el hielo fueron Sharon Bates, quienes arrancaron con su tema “Todo ha cambiado tanto“, adelanto del que será su nuevo disco, seguido de “Pequeño y Débil“, la canción de Mozu que les tocó versionar. Precisamente Mozu fue quien les tomó el relevo, estando acompañado por la banda de Kitai. Tras un tema propio, pasó a versionar a The Veroñas. Efectivamente, teníamos a Mozu con la banda de Kitai versionando a The Veroñas, ya nos había quedado claro que ese show no iba a ser nada convencional.

En tercer lugar presentó su interesante propuesta el dúo Ombligo, compuesto por dos voces y dos cuerdas (violín y guitarra clásica). Comenzaron con “Mosquito“, un tema que ya les ha dado juego en otras ocasiones, en el que tras la extensa presentación cargada de ironía, donde se nos contaba la historia de un mosquito guiri que tras beber varios chupitos por la calle Huertas llega a un tablao flamenco, y al sentirse amenazado por las palmas llama a sus amigos mosquitos guiris desatando el caos (en realidad fue más extensa, pero así os animamos a que indaguéis un poco más sobre este grupo ya que la anécdota la cuentan en algún que otro vídeo). A todo esto, la canción era instrumental.

Tras este tema donde mostraron una perfecta sincronía entre violín y guitarra, el dúo nos mostró sus voces versionando “Salem“, de Hermana Furia, marcando el sentido del humor al indicar “A ver qué tal nos Salem” (Humor “inteligente” del que tanto abusa un servidor). La potente voz de Anika y el único acompañamiento de violín y guitarra supusieron ciertamente una de las versiones más interesantes de la velada.

Les llegó el turno a The Garlic Phantoms, momento en el que Edu Molina se subiría al escenario y prácticamente no se bajaría hasta que chapasen el local. Junto con Juan Pérez Fajardo, forman el mencionado grupo, capaz de transmitir toda la energía de una banda completa con sólo guitarra y batería. Versionaron estos a Ombligo con su tema “Aire“, subiendo acto seguido The Veroñas para acompañarles con el tema homónimo del dúo: “The Garlic Phantoms“.

The Veroñas quedan entonces en escena para, tras una presentación irreverente, presentarnos su “Blood Party“. Los sextos en tomar el escenario fueron Hermana Furia (otro de los grupos en los que Edu Molina hizo participación). La compleja versión a 4 voces de “Vértigo” de Sharon Bates fue su presentación, pasando a un tema propio aún inédito, y es que este joven grupo aún no ha publicado ninguna canción de manera oficial.

Pasado el ecuador del espáctulo, los madrileños Playa Cuberris nos brindaron “Coyotes“, versión del tema de Tucho, alabando la capacidad compositora de dicho artista. En general, las notas de agradecimiento y admiración entre las diferentes formaciones fue la tónica general del evento, transmitiendo muy buenas vibraciones a los allí presentes. El tema propio con el que se despidieron fue su éxito “Alta Tensión“, cuyo videoclip grabado durante la pasada edición del Sonorama han publicado hace unos meses.

Tucho, en contraste con sus anteriores compañeros, planteó su propuesta solo en el escenario con guitarra acústica. Tras deshacerse en elogios hacia sus compañeros e interpretar su tema “El Lobo Gris“, en la que comprobamos una vez más la soltura con la que cuenta esas grandes historias, se atrevió con el rapeo de “Detrás de Ti“, la canción que los compañeros de Vaho habían estrenado hace unos meses. Una prueba de que no todos estaban en su zona de confort regalándonos versiones tan curiosas como esa.

Encarando la recta final del concierto llegó el turno precisamente de Vaho, la interesante propuesta de esta joven banda Madrileña, en esta nueva etapa suya con algunos cambios en su formación. Hacen falta pocos segundos para darse cuenta de que lo que les diferencia del resto es ese planteamiento en el que mezclan rap y pop-rock con gran naturalidad, no siendo dicha combinación usual en la música nacional, salvo en colaboraciones entre artistas que individualmente se desenvuelven en esos respectivos géneros.

En esta ocasión, Eduardo Molina actuó en sustitución de su bajista, haciéndonos dudar de si se trataba de un concierto o una gala del Qué Apostamos (y eso que aún quedarían más apariciones suyas). Tras una introducción también canalla y políticamente incorrecta, nos ofrecieron su versión de “Marte, de Playa Cuberris. Quizá las versiones más interesantes se dieron en los contrastes más pronunciados (Como sucedió con Ombligo y “Salem“), y este tema con sus correspondientes partes llevadas al rapeo nos pareció bastante atrayente. Para acabar, estrenaron “Mataré a Cupido“, el tema que recientemente han publicado y que seguro les seguirá trayendo éxitos.

Los Tomaccos, con el outfit más llamativo de la noche (inspirado en los años 20 al igual que su música) se dispusieron a seguir sorprendiéndonos. Una vez más con la participación de Eduardo Molina (vestido para la actuación como si hubiese salido del clonador de menudas estrellas) Pero ahora no como colaboración ni sustitución sino en otro de sus proyectos.

Además de la evidente particularidad de su estilo musical, otra de sus grandes bazas es la ironía con la que interaccionan con el público (apoyada en gran parte por el carisma de Eduardo), como por ejemplo el primer tema que “presentaron” titulado “Afinación“, mientras ajustaban los instrumentos. La versión que nos ofrecieron fue sin duda la más interesante y divertida de la noche (obviamente es un juicio subjetivo, pero muchos de los presentes coincidimos en dicha afirmación), siendo esta “Riviera Maya” de Kitai. Sí señores, escuchamos los míticos versos de “Me siento bien, me siento bien contigo” a ritmo de swing, y fue la caña. Seguiremos con los ojos y oídos puestos en los Tomaccos, ¡Viva el Rock and roll! Digo… ¡El Swing!

Para acabar, uno de los grandes exponentes con los que Entrebotones cuenta, fueron los encargados de (casi) cerrar la velada. Kitai acabó versionando en primer lugar a Tomaccos y con su “Quierote“. Y decimos “casi” porque la organización de Entrebotones, con Inés Collado como principal cara visible (e invitando a Eduardo Molina a subir para tocar la batería: “Que suba Eduardo Molina que no ha subido todavía“), nos sorprendió con el clásico “Agradecido” de Rosendo a modo de despedida.

Queda claro que Entrebotones es una gran familia, donde pudimos comprobar cómo se respiraba complicidad entre los grupos de un gran abanico de estilos, bajo esta discográfica que celebró su VII aniversario.

Larga vida a Entrebotones.

Nos vemos en las salas,

Fran Salamanca

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